Crítica de Cine: “La Madame”

Una comedia con Rossy De Palma, Harvey Keitel y Toni Collette.

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Aparte de esta desdicha, que en muchos casos se soluciona estando atento a la programación de los escasos cine arte o simplemente bajando la cinta de internet, este hecho tiene que ver con la definición misma de este tipo de películas: silenciosas, quitadas de bulla, reflexivas; es decir un tipo de cine dirigido al espectador que no se deja impresionar por los efectos especiales ni la acción desenfrenada, sino más bien para aquel que goza con personajes bien desarrollados, con una cámara escudriñadora y guiones inteligentes.

Esto se puede aplicar perfectamente a “La Madame” (2017), cinta dirigida y escrita por la cineasta francesa Amanda Sthers, ambientada en la ciudad de Paris y buena parte de ella en la casona del matrimonio estadounidense Fredericks, formado por Bob (Harvey Keitel) y Ane (Toni Collette). Esta última organiza una cena en su casa para doce invitados, pero a última hora llega su hijastro, el joven escritor Steven (Tom Hughes); lo que la obliga, para romper la superstición del número 13, a sentar a escondidas a su sirvienta de confianza, la española María (Rossy de Palma), lo que ocasionará una serie de malos entendidos, que darán impulso a esta comedia, con toques de drama y de melancolía, producto de la sabiduría de la existencia bien vivida.

Sthers, de 40 años, había dirigido anteriormente solo un largometraje: “Te Voy a Faltar” (2009); pero era conocida ampliamente como novelista, con más de diez libros publicados; antecedente importante al momento de evaluar su solidez narrativa y la claridad y profundidad con que construye sus personajes, principalmente los cuatro protagónicos. Bob mantiene un alto status, pero se encuentra prácticamente en quiebra, lo que lo obliga a vender un valioso cuadro de Caravaggio. Ane vive como una millonaria y se debate en serle infiel o no a su esposo. Fred, como escritor, incide de gran manera en la realidad familiar al inventar una historia sobre María.

Pero es esta el verdadero centro dramático de la película, con su pendular entre la autoestima y la inseguridad, entre la fuerza y la debilidad, un personaje que muestra el derecho de todos a ilusionarse con la vida,
cualquier sea su condición social.

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